Combatiente nacional
Relato de la batalla desde la Iglesia del Piquete de Pascual Porroche (Pascualín).
Ver testimonioEntre la represión inicial de 1936, la batalla de agosto de 1937, la evacuación civil y la posterior función como base republicana, Quinto vivió uno de los episodios más decisivos y traumáticos de su historia contemporánea.
El capítulo abarca desde el alzamiento de julio de 1936 hasta la estabilización posterior del frente republicano en la zona de Quinto, Belchite y Fuentes de Ebro.

La Guerra Civil convirtió el casco urbano, los altos y los edificios principales en espacios militares.
La Guerra Civil en Quinto no puede reducirse a la batalla de agosto de 1937. Comenzó con la represión política tras el golpe, continuó con la militarización del territorio, alcanzó su punto culminante en la ofensiva republicana sobre Zaragoza y dejó después una profunda huella urbana, patrimonial y humana.
La idea central es que Quinto condensó en pocos meses todas las dimensiones de la guerra: violencia política, frente militar, combate urbano, participación internacional, evacuación civil, destrucción patrimonial, hospitales de sangre, posguerra y memoria.

Quinto formó parte del Frente de Aragón y de la ofensiva republicana sobre Zaragoza.
En el verano de 1937, el mando republicano necesitaba recuperar la iniciativa tras Brunete, aliviar la presión en otros frentes y obtener una victoria política y militar de gran impacto. Zaragoza era un objetivo decisivo.
La ofensiva se encontró con posiciones defensivas preparadas. Localidades como Quinto, Codo y Belchite obligaron a consumir tiempo, tropas y recursos. La resistencia de Quinto fue decisiva porque retrasó el avance hacia Zaragoza y condicionó las operaciones posteriores.
La defensa aprovechó todos los elementos del paisaje: cerros, barrancos, carretera, ferrocarril, huerta, Ebro, cementerio, fábrica, estación y El Piquete.
La posición sur, en torno al Cabezo de la Nariz, dominaba la carretera de Castellón y el acceso meridional al pueblo.
La antigua iglesia de la Asunción fue fortificada y se convirtió en refugio civil, punto defensivo y símbolo de resistencia.
Controlaban la huerta oriental, la vía férrea y los posibles pasos hacia el Ebro.
Formaban parte del espacio exterior de control y enlace hacia el Ebro, Pina y Fuentes.

La guerra empezó en Quinto como fractura política antes de convertirse en frente militar.
La Guerra Civil llegó a Quinto en los días posteriores al alzamiento militar de julio de 1936. La sublevación triunfó en Zaragoza y buena parte de la provincia quedó bajo control de los sublevados, mientras otros espacios próximos pasaban a manos republicanas.
Antes de la gran batalla, la violencia tuvo una primera dimensión política. Grupos falangistas y fuerzas afines a los sublevados recorrieron pueblos identificando y deteniendo a personas vinculadas a la República, organizaciones obreras o espacios de sociabilidad republicana. En Quinto, el ataque al Casino Republicano simbolizó la destrucción del espacio político republicano local.
En esa primera fase se produjeron las primeras víctimas, entre ellas el médico, cuya muerte muestra el carácter selectivo de aquella violencia: no se dirigía solo contra combatientes, sino contra personas representativas de la vida civil, profesional y política del pueblo.
Durante tres días, Quinto fue atacado por unidades del Ejército Popular y de las Brigadas Internacionales. La victoria republicana fue táctica, pero la resistencia retrasó la ofensiva hacia Zaragoza.
La Agrupación C cruzó el Ebro hacia las cuatro de la madrugada y comenzaron los ataques contra Bonastre, la estación de Pina y las posiciones de Quinto. Durante la tarde cayeron el cementerio y Las Eras tras una intensa preparación artillera y el apoyo de carros.
El combate se desplazó al casco urbano. Las unidades republicanas avanzaron casa por casa desde el norte y atacaron la antigua iglesia fortificada. La torre recibió impactos directos, pero el edificio siguió resistiendo durante horas.
Persistieron focos de resistencia, especialmente en las posiciones del sur. La caída final de Quinto permitió a los republicanos controlar el pueblo, aunque la ofensiva general hacia Zaragoza había perdido tiempo decisivo.
El mapa resume los principales movimientos republicanos, posiciones defensivas nacionales, puntos de combate y salida de población civil hacia la Loma el Cornero. Guía visita localizaciones de la Batalla de Quinto 75 aniversario

La evacuación convirtió la batalla en una experiencia colectiva de desarraigo.
En el momento más duro de la batalla, cuando el combate se desarrollaba ya en el interior del pueblo y El Piquete había quedado convertido en refugio y fortaleza, se produjo uno de los episodios más significativos desde el punto de vista humano: los combates se interrumpieron temporalmente para permitir la salida de la población civil.
Mujeres, niños y ancianos abandonaron Quinto en dirección a la Loma el Cornero, donde se encontraba el puesto de mando y la zona logística republicana. Desde allí fueron trasladados en camiones hacia diferentes pueblos de la zona republicana, en el Maestrazgo.
Para muchas familias, la salida del pueblo no fue una simple medida de seguridad, sino el comienzo de un exilio interior: dejaban atrás casas, huertas, animales, cosechas y objetos personales mientras Quinto seguía siendo bombardeado y combatido calle por calle.
El antiguo Casilicio de los Baños fue utilizado como Hospital de Sangre durante la guerra.
La caída de Quinto no puso fin a la ofensiva republicana sobre Zaragoza. Tras los combates del 24 al 26 de agosto de 1937, el pueblo pasó de ser una posición enemiga a convertirse en una base avanzada del Ejército Popular en la Ribera Baja del Ebro.
La ofensiva continuó hacia Belchite, cuya resistencia absorbió durante días fuerzas y recursos republicanos. En esa nueva función, Quinto tuvo un papel logístico y sanitario. Su situación junto a la carretera, el ferrocarril, el Ebro y los caminos hacia Belchite y Fuentes lo convertía en un lugar adecuado para concentrar tropas, organizar suministros y atender heridos.
En el Casilicio de los Baños de Quinto se instaló un Hospital de Sangre destinado a recibir combatientes heridos procedentes del frente. Después de la batalla, Quinto dejó de ser objetivo de conquista y pasó a ser infraestructura de guerra: cuartel, retaguardia, hospital, punto de paso y base de apoyo para Belchite y Fuentes de Ebro.
Esta sección reunirá relatos de combatientes, sanitarios, combatientes y población civil.
Relato de la batalla desde la Iglesia del Piquete de Pascual Porroche (Pascualín).
Ver testimonioTestimonio de Arthur H. Landis, soldado américano de la Brigadas Internacionales .
Ver testimonioRelato de Miquel Batlle i Cels, acudió al frente, en Quinto, tras un mes de espera en la retaguardia.
Ver testimonioEn 2012 se cumplian 75 años de la Batalla de Quinto, un evento que marco la historia de Quinto a sangre y fuego, que había estado condenado al silencio social.
Con motivo del 75 aniversario de la Batalla de Quinto Miguel Pérez Subías organizó una serie de actos entre los cuales hubó exposición fotográfica dedicada a las imágenes tomadas en la localidad y su entorno durante la Guerra Civil. La muestra reunió una selección de 65 fotografías de Exposición fotográfica con 65 imágenes históricas de Quinto durante la Guerra Civil, realizadas por Agustí Centelles, Harry Randall y Jean Luis Deschamps, tomadas en Quinto en los años 1937 y 1938 que documentaron el frente y la guerra.
Estas imágenes permiten acercarse a la dimensión humana, militar y patrimonial del conflicto: los combatientes, los espacios fortificados, la presencia de las Brigadas Internacionales, los edificios dañados y la transformación del pueblo en escenario de guerra.
El documento completo de la exposición puede consultarse en formato PDF (165 Mbytes). Ver exposición fotográfica

Las trincheras y posiciones de Quinto permiten leer hoy el paisaje como documento histórico.
La batalla dejó una huella material en trincheras, restos, edificios y memoria colectiva. Purburel, Las Eras, el cementerio, El Piquete, la fábrica, Bonastre o Belloque no son solo nombres de parajes: son lugares donde la geografía local se convirtió en historia militar.
La recuperación de vestigios de la Guerra Civil permite interpretar el paisaje de Quinto desde una nueva perspectiva. La posterior reconstrucción por Regiones Devastadas, la nueva iglesia, el nuevo ayuntamiento, la plaza de España y el desplazamiento del centro urbano no pueden entenderse sin la destrucción previa de 1937.
La Batalla de Quinto fue uno de los grandes puntos de inflexión de la historia local. Explica el Quinto de la posguerra, el cambio urbano posterior y la necesidad actual de recuperar, estudiar y transmitir una memoria dispersa entre documentos, restos materiales y recuerdos familiares.
La Guerra Civil transformó de manera irreversible la historia urbana, social y patrimonial de Quinto.
La Guerra Civil rompió la continuidad histórica de Quinto. Destruyó edificios, desplazó población, alteró el campo, arruinó El Piquete como iglesia parroquial y convirtió el territorio en un sistema militar. Pero también dejó una memoria que hoy permite comprender mejor el siglo XX local.
En la historia larga de Quinto, 1937 funciona como una línea divisoria: antes estaba la villa heredera de su trazado histórico y de su centro alto; después, el pueblo reconstruido, con una nueva centralidad urbana, nuevas instituciones y una relación distinta con su patrimonio y su memoria.
Selección de archivos, bibliotecas, proyectos documentales y recursos especializados para profundizar en la Batalla de Quinto, la ofensiva republicana sobre Zaragoza y la Guerra Civil en el valle del Ebro.
Selección inicial para documentar la Guerra Civil en Quinto, la ofensiva sobre Zaragoza, las Brigadas Internacionales y la memoria del frente.