La música que recorre las calles, acompaña a las peñas, anuncia los cabezudos y convierte la fiesta en una experiencia compartida por todo el pueblo.
En Quinto, la charanga representa la música más directa, participativa y callejera: una forma de animar la fiesta desde dentro y de hacer que el pueblo se mueva al ritmo de sus músicos.
La charanga acompaña los recorridos festivos y transforma la calle cotidiana en espacio de celebración.
La charanga ocupa un lugar propio dentro de la tradición musical de Quinto. Mientras la Banda aporta solemnidad y formación musical, y la Jota conserva la memoria del canto, el baile y la ronda, la charanga expresa la vertiente más festiva, espontánea y participativa de la música local.
Su espacio natural no es el escenario, sino el recorrido. Suena en las calles, entra en las peñas, acompaña a los cabezudos, anima los pasacalles y sostiene esos momentos en los que la fiesta deja de estar programada en un lugar fijo para desplazarse con la gente.
En ella se mezclan músicos formados en la Banda o en la Escuela Municipal de Música con otros procedentes de la afición, las peñas o la práctica informal. Esa combinación de aprendizaje, intuición y ganas de fiesta explica buena parte de su fuerza.
Músicos de la banda de Quinto de 1927. Alguno de ellos protagonistas en la recuperación de la música durante las fiestas tras la guerra civil a través de la Charanga.
La dinámica contemporánea de la Charanga de Quinto se entiende muy bien desde el movimiento que, a finales de los años ochenta, impulsó de nuevo la música en directo en la calle. Hasta entonces esta función recaía en la acordeón de "Palata" y el trombón del "Capachín" los cuales acompañaban a rondar a los mozos y quintos en las fiestas acompañados en ocasiones por músicos de la rondalla por eso en las fotos posteriores a la guerra es frecuente ver guitarras e instrumentos de cuerda acompañándoles.
Un grupo de jóvenes vinculado a la peña Los Muertos de Hambre decidió que las fiestas necesitaban músicos locales capaces de animar los recorridos y devolver sonido propio a las celebraciones y para ello contaron con la ayuda de otros con conocimientos musicales adquiridos tras haber estudiado en los "Infanticos" del Pilar de Zaragoza como era el caso de Carlos Escudero o con conocimientos musicales como era el caso de David Serrano. Bruno Mallor, Carlos Urmeneta, Luis Rotellar, Jose Luis Brinquis, José Aznar o Alberto Hurtado son algunos de los que estuvieron en las primeras versiones de la Charanga.
Aquella voluntad de tocar en la calle llevó a comprar instrumentos, buscar apoyos, formar grupos y, finalmente, contribuir al nacimiento de la Escuela Municipal de Música. La charanga no fue, por tanto, un fenómeno aislado: forma parte de una recuperación más amplia de la cultura musical local, conectada con la Banda, la Escuela y la participación de las peñas.
Los ensayos se realizaron inicialmente en la propia peña. Más adelante se utilizaron otros locales del pueblo. En la actualidad se ensaya en el espacio situado encima del consultorio médico, que quedó libre tras el traslado de la Escuela de Música.
Desde entonces, la charanga ha ido adaptándose a las fiestas y a las generaciones. Algunos músicos proceden de agrupaciones más formales; otros han aprendido por necesidad o por afición. Lo importante ha sido siempre que la música estuviera presente y que la fiesta pudiera avanzar al ritmo de instrumentos tocados por gente del pueblo.
La relación entre la charanga y la Banda de Música de Quinto es muy estrecha. Aproximadamente el ochenta por ciento de los componentes de la charanga también forman parte de la Banda. Aun así, son agrupaciones distintas por su forma de trabajar y por el tipo de actuaciones que realizan.
La Banda tiene una organización más formal, necesita un director, prepara repertorios concretos y ofrece conciertos programados, como los de fin de curso, Santiago o Navidad, además de encuentros con bandas de otras localidades de la comarca. La charanga, en cambio, es más espontánea, flexible y festiva. Puede decidir el repertorio sobre la marcha y adaptarse mejor a pasacalles, peñas y celebraciones populares.
Las dos agrupaciones se complementan. La Banda aporta formación, disciplina y continuidad musical; la charanga ofrece una manera más cercana y divertida de participar en la música. Muchos jóvenes se sienten atraídos primero por el ambiente de la charanga y, a partir de ahí, pueden acercarse también a la Banda y al aprendizaje musical.
Uno de los retos actuales es incorporar a niños y jóvenes. La charanga resulta atractiva porque es menos formal que la Banda y permite vivir la música de una manera muy directa, en la calle y en contacto con las fiestas del pueblo. Cuando un joven ya posee una base musical, integrarse en la charanga es relativamente fácil.
Por eso, la Escuela de Música, la Banda y las agrupaciones infantiles son fundamentales. Lo más eficaz es que los jóvenes aprendan primero música y un instrumento, y después puedan elegir si quieren tocar en la Banda, en la charanga o en ambas. La charanga puede servir para despertarles el entusiasmo y mantener vivo el relevo generacional.
La charanga se define menos por un repertorio fijo que por su capacidad para adaptarse al momento: animar, acompañar, marcar el paso y hacer participar al público.
Marchas, canciones populares, ritmos reconocibles y piezas festivas que permiten recorrer el pueblo manteniendo la atención y el movimiento.
Música pensada para acompañar la carrera, la sorpresa, la entrada en los locales, los recorridos de cuadrillas y la participación de niños y mayores.
Repertorio flexible, popular y reconocible, capaz de mezclarse con cantos espontáneos, bromas, bailes y momentos de convivencia en la calle.
Músicos de distintas generaciones han mantenido viva la música festiva de calle.
La charanga se sostiene gracias a una red amplia de personas: músicos con formación de banda, alumnos y antiguos alumnos de la Escuela Municipal de Música, peñistas, jóvenes que aprenden para poder tocar en fiestas y vecinos que entienden la música como servicio festivo al pueblo.
Su valor está precisamente en esa mezcla. No todos llegan por el mismo camino ni tienen la misma formación, pero todos comparten una función: poner música al movimiento colectivo de la fiesta. La charanga necesita ensayo y oído, pero también resistencia, complicidad y capacidad para leer el ambiente de la calle.
Por eso conviene documentar sus etapas, nombres, fotografías, recorridos, instrumentos, agrupaciones y anécdotas. La charanga reciente también es patrimonio: si no se registra, corre el riesgo de parecer demasiado cotidiana y perderse en la memoria informal.
La charanga se comprende por los lugares que atraviesa: no permanece quieta, sino que crea una geografía festiva en movimiento.
Recorridos, pasacalles, entradas y salidas de actos festivos. La calle es su escenario principal.
La música une locales, cuadrillas y generaciones, convirtiendo el desplazamiento entre peñas en parte central de la fiesta.
El sonido de la charanga crea expectación, acompaña las carreras y convierte el miedo festivo en juego compartido.
Las fiestas patronales son el marco donde la charanga alcanza su mayor visibilidad como música viva y participativa.
Viento y percusión sostienen el carácter abierto, sonoro y móvil de la charanga.
La charanga se construye alrededor de instrumentos capaces de sonar al aire libre y acompañar el movimiento: metales (trompeta, trombón, saxofón, tuba y/o bonbardino), maderas (clarinete), percusión (bombo, caja, platillos)y, según la etapa, instrumentos procedentes de la Banda o de la Escuela Municipal de Música.
Una característica importante ha sido la versatilidad. En las agrupaciones festivas, muchas veces los músicos han cambiado de instrumento según las necesidades del grupo: lo esencial era completar la formación, sostener el ritmo y garantizar que la música pudiera escucharse en la calle y en espacios ruidosos (bares, peñas, etc.).
Esta flexibilidad forma parte de la cultura musical popular: menos rígida que una agrupación de concierto, pero muy exigente en energía, coordinación, memoria de repertorio y capacidad de conectar con la gente.
El encuentro de charangas convierte Quinto en punto de reunión musical comarcal durante las fiestas.
En los últimos años, con motivo de las fiestas de Santa Ana, Quinto reúne bandas y charangas de la comarca en un encuentro que recorre las peñas y en el que participa todo el pueblo. Esta cita actualiza la tradición de la música de calle en una forma contemporánea, comarcal y muy participativa.
Su importancia está en que no se limita a una actuación puntual: la música se desplaza, entra en los espacios de convivencia, conecta agrupaciones y convierte el recorrido en una celebración compartida. Es una expresión reciente, pero plenamente patrimonial.
Fotografías de distintas épocas de las Charanga de Quinto y de las personas que han ido formando parte de ella.
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La historia de la charanga debe completarse con recuerdos de músicos, peñistas, vecinos y participantes en los recorridos festivos.
"Cuando salían a rondar iba mi padre, iba mi suegro Santiago Budría "Salmerón" con el guitarrico. Iba el padre de los Fanos, el tio "Fano" el padre del Aurelio y de la Rafaela. Iba el tio Jabonero, después dejó de ir el padre pero iba su hijo Germán. Alguna vez iba uno que se llamaba Miguel que era cojo y que es familia de David Pérez, que está casado con la Marisol, y él salía con una flauta.
Esos son los que salían a rondar en los años setenta y ochenta años. Cogían los quintos o alguna cuadrilla que les gustaba ir a tomar algún trago y venían a buscarlo y decía vamos a rondar y nos vamos.
Ya verás un año vino un hombre de codo y le dijo a mi padre le vengo a pedir un favor: han destinado a mi hijo a Melilla y es el único que tengo y quiero que vengan todos los quintos de este pueblo con los rondadores a mi casa. Y se ve que tenía ganado y hizo un fiestón en el que se quedaron cuatro o cinco días, todos en Codo, los Quintos y los musicos. Así eran."
Testimonio de Ángeles "la Monja" hija de Gregorio, el tio "Palata", recogido por su nieta @reyesbudria.
“La charanga no se entiende sentada: se entiende caminando detrás de la música, entrando en las peñas, siguiendo a los cabezudos y compartiendo la fiesta en la calle.”
Memoria festiva de Quinto
Referencias documentales, gráficas y testimoniales utilizadas para desarrollar esta página.