La banda representa la dimensión pública, formativa e institucional de la música en Quinto: procesiones, desfiles, actos oficiales, escuela popular y memoria compartida de varias generaciones de músicos.
La Banda de Música de Quinto ha sido mucho más que una agrupación instrumental: ha sido una escuela de aprendizaje, un servicio público, un espacio de convivencia y una forma de dar solemnidad a la vida colectiva.
La banda ha acompañado los actos públicos, festivos y religiosos de Quinto.
La Banda de Música de Quinto representa la dimensión municipal de la tradición musical local. Según la memoria recogida por Carlos Escudero, la banda fue siempre municipal: el Ayuntamiento compraba los instrumentos, pagaba parte de las clases y los componentes aportaban la cantidad restante.
Su función pública era clara: acompañar procesiones, desfiles y manifestaciones oficiales. Sin embargo, su valor cultural más profundo estaba en reunir semanalmente a vecinos de la localidad para aprender, ensayar y disfrutar en común de la música.
En un medio rural con pocas posibilidades de formación musical reglada, la banda funcionó como una verdadera escuela popular: enseñaba solfeo, instrumento, disciplina colectiva y responsabilidad ante los actos públicos del pueblo.
Imagen histórica de músicos de la Banda de Quinto.
La primera noticia conocida de la Banda de Música de Quinto se sitúa en 1927. En 1935 aparece como director Julián Bayod Pérez, conocido como Batuta, una figura recordada por su extraordinaria precocidad musical, pues se decía que de niño ya había dirigido una orquesta de profesores.
Entre los nombres más representativos de las distintas etapas destaca Miguel Uliaque, Capachín, músico de gran afición y personalidad popular. Se le recuerda tocando fragmentos de pasodobles por las calles, primero con trompeta y más tarde con trombón, prolongando en la vida cotidiana la presencia sonora de la banda.
La Guerra Civil interrumpió o debilitó muchas formas de sociabilidad musical. Aun así, la memoria de aquellos músicos permitió que la banda pudiera reorganizarse en la posguerra como una de las pocas actividades culturales y de entretenimiento disponibles para los jóvenes.
En 1944, en un contexto de escasez y reconstrucción, el Ayuntamiento volvió a impulsar la banda con instrumentos de segunda mano adquiridos en Zaragoza.
A instancias de D. Amador, juez de paz llegado a Quinto, el Ayuntamiento compró en Casa Luna de Zaragoza varios instrumentos de segunda mano para formar una nueva banda. No eran años fáciles: faltaban recursos y apenas existían alternativas de ocio organizado, especialmente para los jóvenes.
Al principio se apuntaron muchos chicos y jóvenes del pueblo, como suele ocurrir en los comienzos de una iniciativa colectiva. Con el tiempo quedaron los más constantes, quienes asumieron el aprendizaje del instrumento, los ensayos y la responsabilidad de tocar en público.
Aquella banda de posguerra no solo recuperó una tradición musical. También ofreció un espacio de convivencia y formación en una etapa de dificultades materiales y reconstrucción social.
Primera noticia conocida de la Banda de Música de Quinto.
Julián Bayod Pérez, Batuta, aparece como director de la banda.
Compra de instrumentos de segunda mano para formar otra banda municipal.
La necesidad de recuperar música en directo impulsa nuevas agrupaciones y la futura Escuela Municipal de Música.
Inicio del primer curso de la Escuela de Música de Quinto, germen de una nueva etapa formativa.
La Escuela Municipal de Música consolidó el aprendizaje musical en Quinto.
La historia de la Banda enlaza con la creación de la Escuela Municipal de Música de Quinto. A finales de los años ochenta, un grupo de vecinos vinculado a la peña Los Muertos de Hambre quiso volver a poner música en directo en las calles. Aquella iniciativa no partió de una institución formal, sino de la necesidad de recuperar instrumentos, músicos y agrupaciones.
La subvención de la Diputación Provincial de Zaragoza para la compra de instrumentos actuó como acicate. Como ya se contaba con varios instrumentos, se compró un piano, que acabaría convirtiéndose en el punto de partida de las clases. En 1987 comenzó el primer curso de la Escuela de Música de Quinto en el colegio.
Con el tiempo, las clases pasaron por distintos espacios y el Ayuntamiento asumió la gestión para garantizar su continuidad. De una aventura vecinal nació una de las infraestructuras culturales más importantes del pueblo.
La banda tenía un repertorio ligado a su función pública: marchas, pasodobles, acompañamientos procesionales, piezas de desfile y música para actos oficiales.
La banda acompañaba procesiones y celebraciones solemnes, aportando presencia musical a los recorridos religiosos y a los momentos centrales del calendario local.
Como agrupación municipal, participaba en desfiles, manifestaciones públicas y actos organizados por el Ayuntamiento, reforzando su carácter institucional.
Los pasodobles forman parte de la memoria sonora de la banda. La figura de Miguel Uliaque, Capachín, tocando fragmentos por las calles, resume esa presencia popular.
Músicos y vecinos que sostuvieron la tradición de la banda.
La historia de la banda se conserva a través de nombres propios, apodos y recuerdos. Julián Bayod Pérez, Batuta, aparece como director en 1935 y pertenece a esa memoria de músicos precoces y autodidactas que marcaron la vida musical local.
Miguel Uliaque, Capachín, es probablemente el personaje más representativo de las distintas etapas de la banda. Buen músico y apasionado de la música, su recuerdo va unido a la trompeta, al trombón y a los pasodobles que hacía sonar por las calles.
D. Amador, juez de paz, tuvo un papel destacado en la reorganización de 1944, impulsando la compra de instrumentos para formar una nueva banda en la posguerra.
En la etapa contemporánea, la Escuela Municipal de Música incorporó a profesores y promotores que ampliaron el horizonte musical de Quinto, conectando la vieja tradición de banda con una enseñanza más estable y abierta a niños y mayores.
La banda se entiende por los lugares donde ensaya, aprende y toca: calles, iglesia, plaza, Ayuntamiento, escuela y recorridos festivos.
Espacio de desfiles, pasodobles, acompañamientos y presencia musical pública.
Procesiones, actos religiosos y momentos solemnes donde la banda aportaba acompañamiento.
Institución que compraba instrumentos, apoyaba las clases y vinculaba la banda a la vida pública.
El aprendizaje musical contemporáneo consolida la continuidad de la tradición instrumental.
Instrumentos de viento y percusión, base sonora de la banda.
La banda se construye alrededor de sus instrumentos: viento metal, viento madera y percusión. En la memoria local aparecen la trompeta, el trombón, la tuba y otros instrumentos propios de las agrupaciones de banda.
La compra de instrumentos por parte del Ayuntamiento fue decisiva. En 1944 se adquirieron instrumentos de segunda mano en Casa Luna de Zaragoza, un gesto que permitió poner de nuevo en marcha la agrupación en una etapa de escasez.
Los instrumentos no eran solo objetos musicales: eran patrimonio común. Permitían aprender, ensayar, tocar en grupo y representar al pueblo en sus actos más visibles.
Espacio preparado para incorporar imágenes antiguas, programas, partituras, listados de músicos, grabaciones, entrevistas y documentos de la Banda de Quinto.
La memoria de la banda se conserva también en anécdotas, apodos y frases que explican cómo se vivía la música en el pueblo.
“Su aportación cultural no reside en el uso que se hace de ella, sino en el hecho de que se junten personas de la localidad todas las semanas para aprender y disfrutar en común de la música.”
Carlos Escudero
“Muchos nos acordamos cuando, conduciendo su carro de recogida de basuras, de vez en cuando sacaba del pescante su trompeta y ofrecía algún comienzo de pasodoble por cualquier esquina.”
Recuerdo sobre Miguel Uliaque, Capachín
Referencias documentales, bibliográficas y testimoniales utilizadas para desarrollar esta página.
La música de Quinto forma un conjunto de tradiciones conectadas entre sí: jota, dance, banda, charanga y música religiosa.