Historia, reglas y tradición de un juego único y profundamente arraigado en Quinto.
Historias, reglas y tradición de un juego de cartas único en el mundo
Origen, contexto social y arraigo de uno de los juegos más característicos de Quinto.
El Truque es, junto con el guiñote, uno de los juegos de cartas preferidos por los quintanos. Tal y como se juega en Quinto, constituye una modalidad singular, sin equivalentes exactos documentados fuera del pueblo.
Su práctica está estrechamente ligada a la vida cotidiana y a los espacios de convivencia, especialmente los bares, donde tras la comida o al anochecer es habitual escuchar frases tan características como “me voy a echar un truque”. En torno a la mesa no solo participan los jugadores: también lo hacen los mirones, que comentan, valoran y viven las jugadas con la misma intensidad.
La tradición oral apunta a que el Truque ya se practicaba al menos en el siglo pasado, y probablemente desde mucho antes. Su antigüedad podría relacionarlo con juegos de envite de origen medieval, aunque su evolución local ha dado lugar a un sistema de juego totalmente propio.
Más allá de su dimensión lúdica, el Truque forma parte del patrimonio inmaterial de Quinto. Reúne memoria, costumbre, lenguaje propio, complicidad entre compañeros y una forma muy particular de entender el juego como entretenimiento, rivalidad amistosa y vida social compartida.
Se utiliza una baraja española, retirando todos los doses antes de comenzar. El juego se disputa entre cuatro jugadores organizados en dos parejas, sentadas enfrentadas en la mesa.
Las parejas pueden formarse de común acuerdo o mediante el método tradicional de “echar reyes”. Se reparten cartas boca arriba entre los posibles jugadores: los dos primeros reyes forman una pareja y los dos siguientes la otra.
Para decidir quién reparte, cada jugador levanta una carta del mazo y comienza quien saque la carta más alta. El jugador que reparte mezcla la baraja, ofrece cortar al jugador de su izquierda y reparte de una en una, en sentido contrario a las agujas del reloj, hasta que cada jugador tiene tres cartas.
Si se produce un error al repartir o se descubre alguna carta, se vuelve a repartir y se inicia de nuevo la mano.
El objetivo es ganar manos para acumular pintas, completar garras y alcanzar los cotos acordados. Gana una baza quien echa la carta más alta de los cuatro jugadores, y gana la mano la pareja que gana dos de las tres bazas.
El truque es una apuesta que incrementa el valor de la mano. El jugador puede apostar en su turno antes de jugar carta. La pareja contraria puede aceptar la apuesta diciendo “juega” o incrementarla con más truques, con “el juego” o con “las que me faltan”.
Si la pareja contraria no acepta la apuesta, la pareja que truqueó se anota una pinta, o lo que se hubiese truqueado previamente si ya se había aceptado una apuesta anterior.
Cuando una pareja alcanza cinco pintas, decide si se juega la mano. Si se juega, está en disputa la garra completa y la pareja ganadora obtiene la garra.
Cuandohay un empate.
Las señas o ceñas son un sistema de comunicación no verbal entre compañeros. Deben ser discretas y no evidentes, y se pueden usar en cualquier momento de la mano.
El juego se desarrollará en un ambiente de respeto, manteniendo el ritmo y las formas tradicionales.
Es habitual que la pareja perdedora asuma los costes de la consumición tanto de quienes juegan como de quienes se han quedado fuera al echar a reyes, que serán los encargados de ir a pedir y servir la ronda.
Competición, tradición y encuentro social en torno al Truque.
El Truque sigue siendo una práctica viva en Quinto y encuentra uno de sus momentos más destacados en los campeonatos que se organizan con motivo de las fiestas de Santa Ana. En estas citas se reúnen algunos de los mejores jugadores del pueblo, manteniendo una tradición que ha pasado de generación en generación.
Más que una competición, el campeonato es también una celebración del juego como seña de identidad local. En él se pone de manifiesto la memoria de los jugadores, la coordinación entre compañeros, la experiencia acumulada y el carácter social que siempre ha acompañado al Truque.
La continuidad de estos torneos confirma que no se trata solo de un pasatiempo, sino de una manifestación cultural propia de Quinto. Preservar sus reglas, su vocabulario y sus costumbres significa también conservar una parte importante de la memoria colectiva del pueblo.
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