Dos cementerios para contar una misma historia
La historia funeraria de Quinto comienza mucho antes de la construcción del cementerio actual. Durante siglos, el Piquete fue también lugar de enterramiento.
La relación de Quinto con sus muertos puede seguirse a través de dos espacios estrechamente vinculados: la antigua iglesia de la Asunción, conocida como El Piquete, y el cementerio municipal situado en las afueras del casco urbano.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en el Piquete han documentado enterramientos practicados desde los primeros siglos de utilización del templo hasta 1831. Se trata de un conjunto excepcional que permite conocer los rituales funerarios, la indumentaria y las condiciones de vida de generaciones de vecinos de Quinto.
En 1837 se construyó el cementerio municipal actual. Exactamente un siglo después, en agosto de 1937, ese recinto volvió a ocupar el centro de la historia local al convertirse en una posición fortificada durante la Batalla de Quinto.
El Piquete como espacio funerario
La antigua iglesia de la Asunción fue durante siglos uno de los principales lugares de enterramiento de la población. Las investigaciones arqueológicas realizadas desde 2011 han permitido documentar más de un millar de inhumaciones bajo el pavimento del templo.
Las fuentes municipales han utilizado la cifra de 1.061 personas enterradas, mientras que la documentación más reciente del Museo de las Momias habla de 1.085 enterramientos datados. La diferencia puede responder a una actualización del inventario arqueológico y conviene mantener ambas cifras documentadas hasta disponer de una explicación definitiva.
Entre los materiales recuperados aparecen ataúdes, rosarios, crucifijos, monedas, botones, elementos de indumentaria y otros objetos que permiten reconstruir los rituales de despedida y las diferencias sociales existentes en la comunidad.
Las Momias de Quinto
Las condiciones de sequedad y temperatura del edificio favorecieron la conservación natural de una quincena de cuerpos, fechados principalmente entre el siglo XVIII y comienzos del XIX. Hoy constituyen el núcleo del Museo de las Momias de Quinto.
Del Piquete al nuevo camposanto
Desde finales del siglo XVIII se extendió por España una nueva concepción sanitaria de los enterramientos. Las disposiciones impulsadas a partir del reinado de Carlos III promovieron la construcción de cementerios fuera de los núcleos habitados y el progresivo abandono de las inhumaciones dentro de las iglesias.
En Quinto, los últimos enterramientos documentados dentro del Piquete corresponden a 1831. Seis años después, en 1837, se construyó el cementerio municipal actual.
Pascual Madoz lo describió pocos años después como un cementerio situado a 660 pasos de la parroquia, construido en 1837 y suficientemente espacioso para las necesidades de la población.
El cementerio como archivo de la sociedad de Quinto
Lápidas, apellidos, panteones y símbolos convierten el cementerio en una fuente histórica de primer orden para conocer la evolución de la comunidad.
Familias y apellidos
Las inscripciones permiten reconstruir generaciones, parentescos y la permanencia de familias vinculadas durante siglos a Quinto.
Arquitectura funeraria
Las tipologías de lápidas, panteones, cruces, materiales y símbolos reflejan los cambios culturales y económicos experimentados por la población.
Rituales de despedida
El camino del cortejo, las campanas, los responsos y las costumbres familiares forman parte de un patrimonio inmaterial que merece ser recogido mediante documentación y memoria oral.
Una futura ruta histórica dentro del cementerio
El inventario de sepulturas antiguas permitiría crear un pequeño recorrido interpretativo, respetuoso con el carácter del lugar, dedicado a familias, personajes, símbolos y episodios significativos de la historia de Quinto.
Marcelina Poncela y Jardiel Poncela
Entre las personas de mayor relevancia cultural enterradas en el cementerio se encuentra Marcelina Poncela Ontoria (1864-1917), pintora naturalista y madre del escritor y dramaturgo Enrique Jardiel Poncela.
Su marido, Enrique Jardiel Agustín, estaba vinculado familiarmente a Quinto. Marcelina pasó sus últimos días en el municipio y fue enterrada en el cementerio local.
La tradición local y la documentación municipal recuerdan las visitas de Enrique Jardiel Poncela a la tumba de su madre, convirtiendo el cementerio en un lugar con una singular dimensión literaria además de histórica.
Una sección para ampliar
Esta parte podrá completarse con una fotografía de la tumba, retratos de Marcelina, reproducciones de sus pinturas vinculadas con Quinto y referencias a los textos de Jardiel.
El cementerio en la Batalla de Quinto
Durante unas horas, el camposanto se transformó en una posición militar fortificada integrada en el sistema defensivo de Quinto.
Los muros del cementerio, su situación y las trincheras construidas alrededor del recinto lo convirtieron en una posición defensiva de gran importancia para controlar los accesos desde las direcciones de Codo y Azaila.
Durante la mañana y primeras horas de la tarde del 24 de agosto de 1937 se sucedieron varios ataques republicanos, algunos de ellos apoyados por carros de combate. Los primeros intentos fueron rechazados por el fuego de artillería y ametralladoras.
Entre las 18:00 y las 20:00 tuvo lugar el asalto definitivo. La preparación artillera, el avance de los carros y la infantería permitieron romper la defensa. Hacia las 20:00 el cementerio había caído en manos republicanas.
La posición
El cementerio se encontraba protegido por muros y trincheras y formaba parte de un sistema defensivo más amplio junto a las Eras, el Piquete y otras posiciones próximas.
La conquista
Tras varios ataques fallidos, el asalto final logró atravesar las alambradas y neutralizar las posiciones de ametralladoras que defendían el recinto.
Después de la caída
El puesto de mando de la XV Brigada se trasladó al cementerio. Al día siguiente, la artillería republicana desplegada en la zona participó en el ataque sobre otras posiciones de Quinto.
Guerra, posguerra y memoria
La evolución del cementerio después de la batalla constituye todavía una de las áreas menos documentadas de su historia. Es necesario investigar los daños sufridos por el recinto, las reparaciones posteriores y la gestión de las bajas civiles y militares.
También deben estudiarse posibles enterramientos de guerra, fosas, exhumaciones y traslados, diferenciando cuidadosamente los datos comprobados de las tradiciones orales o referencias pendientes de verificar.
La Cruz de los Requetés y otros elementos del paisaje memorial de la batalla forman parte de esta historia, aunque deben interpretarse dentro del conjunto de posiciones defensivas y no identificarse automáticamente con el cementerio.
Cronología esencial
Imágenes para reconstruir la memoria
Esta primera versión deja preparada una galería documental que podrá completarse con fotografías antiguas, planos, lápidas, imágenes de la batalla y fotografías actuales.
Fuentes de partida
Esta página es una primera versión y se irá ampliando a medida que avance la investigación documental.
- Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, entrada «Quinto».
- Ayuntamiento de Quinto, documentación sobre el Museo de las Momias y personajes ilustres.
- Museo de las Momias de Quinto: historia de las excavaciones y colección.
- Gonzalo Lorén Garay, «La batalla de Quinto de Ebro en la ofensiva republicana sobre Zaragoza», Revista de Historia Militar, nº 115.
- Archivo histórico de QuintodeEbro.com sobre la Batalla de Quinto.
- Documento de trabajo «Historia del cementerio de Quinto de Ebro».