CAPÍTULO VII
Itinerario para Quinto desde los principales puntos de Aragón. - Medios de transporte. - Hospedaje de los bañistas.

    Itinerario. A excepción de los pueblos del bajo y alto Aragón hacia Cataluña, puede considerarse a Zaragoza como el punto más a propósito para dirigirse a Quinto. Saliendo de dicha capital por la llamada Puerta Quemada, se pasa el río Huerva y se toma la carretera de Alcañiz, que sigue la misma dirección del Ebro. A una legua de distancia, se encuentra el edificio de la Cartuja; a otra legua de esta, el pueblo del Burgo; media hora después el caserío y Santuario de Zaragoza la Vieja, y una paridera de ganado conocida por la Cabañeta; a otra legua y media la villa de Fuentes de Ebro: a dos leguas cortas, el Santuario de la Virgen de Bonastre; un poco después la torre de Gabín, y más abajo la de Pérez y Dolz, que dista ya sólo media hora de Quinto.

Desde el bajo Aragón, empezando por Caspe, que dista unas siete leguas y media, se toma el camino en dirección a Samper de Calanda, que viene a estar a mitad de distancia, o bien para acortar se sube por la misma rivera hacia Escatrón, pasando y repasando el Ebro por Sástago, saliendo luego a la carretera real antes de llegar a La Zayda, pueblo intermedio hasta Quinto, encontrándose al paso la venta de Viván, la del Conde y la ermita de la Virgen de Matamala.

Desde Alcañiz, distante unas nueve leguas, se halla a dos horas la venta de Lucero, pasándose después por la mencionada villa de Samper; o bien se toma la carretera de Hijar, por donde actualmente corre la diligencia, y después de atravesar por la Puebla de Hijar, se sale al otro camino por debajo de Val de Amposta, encontrándose luego el pueblo de La Zayda, ventas y ermita de que se ha hecho mérito.

Desde Teruel, cuya capital de provincia dista unas tres jornadas, se toma el camino por Peralejos, Villalva, Alfambra, Perales, Val de Conejos, Utrillas, Montalbán, Muniesa, Lécera y Codo, que sólo dista tres leguas; pero siguiendo como ahora la diligencia de aquella carretera, es preferible ir por Zaragoza.

Desde Daroca podrá dirigirse por Azuara, Belchite y Codo recorriendo unas doce leguas; pero es mejor camino por Cariñena a Zaragoza.

Desde Tarazona y Borja se va por Zaragoza.

Desde Calatayud, o por la carretera real a Zaragoza, o por la Almunia a Longares, Alfamén, Villanueva del Huerva, Fuendetodos y Puebla de Albortón, que es camino mucho más corto.

Desde las Cinco Villas, así como de la parte de Jaca y Huesca, también por Zaragoza con diligencia diaria desde aquella capital de provincia a esta última.

Desde Barbastro, o bien por Huesca, o directamente por Sariñena, La Almolda o Castejón de Monegros, a Pina o por Gelsa, a pasar el Ebro por sus barcas de sirga.

Desde Monzón, también por Sariñena, o cruzando por Bujaraloz hasta Gelsa.

Desde Fraga por fin, por la carretera real hasta Candasnos, Peñalba, Bujaraloz o venta de Santa Lucía, desde cuyos puntos se baja a Gelsa; pero es preferible, siendo en ruedas, seguir hasta Zaragoza.

Medios de transporte. Además de la galera mensajería del ordinario del pueblo, se halla establecida una diligencia desde Zaragoza a Alcañiz, que baja y sube tres días cada semana, empleando sólo cinco horas de Zaragoza a Quinto. Tampoco emplea más de seis la galera mensajería. El coche diligencia sale a las dos de la mañana de la misma casa donde se halla el establecimiento de diligencias generales. La mensajería sale a las cuatro de la posada del Blanco, inmediata a la puerta de S. Ildefonso, o sea de la Tripería.

Hay también dos veces a la semana las galeras de Calanda, y semanalmente las de Castelserás y Alcañiz y los ordinarios de Caspe, Gelsa y Velilla; de suerte que todos los días se encuentran proporciones para ir a Quinto.

Suele igualmente establecerse algún otro carruaje desde Zaragoza durante la temporada, y es de esperar que en adelante los haya fijos todos los años (1).

El que quiere viajar con más comodidad toma en Zaragoza un carruaje por su cuenta.

Haciendo los viajes desde Cataluña con las diligencias, es preferible seguir hasta Zaragoza, pues sin embargo de lo que se adelanta tomando el camino de Gelsa desde Bujaraloz y venta de Santa Lucía, es preciso ir con caballerías y atravesar un despoblado de siete horas, si es desde el primer punto, y de tres si es del segundo, lo que no deja de ser imponente, sobre todo por no haber puntos donde guarecerse en casos de tempestades.

De los otros puntos principales del reino, se ha visto ya hablando del itinerario, que de los más de ellos puede irse en diligencia hasta Zaragoza.

Hospedaje de los bañistas. Son en bastante número las casas, cuyos vecinos se dedican a hospedar bañistas, además de las posadas públicas: así es que por mucha que sea la concurrencia, nunca falta dónde acomodarse. Fuera no obstante de desear que hubiese una casa fonda que ofreciese mayores comodidades.

Suelen pagarse a lo más cuatro reales diarios por cada persona, entrando por este tanto, el cuarto, cama, ropas, guiso y toda clase de servicio, comiendo de su cuenta los bañistas.

En la posada nueva de Muñoz, y en algunas otras casas de las más concurridas, se ajustan también por un tanto diario con bastante equidad; así es que por doce reales se da chocolate mañana y tarde, una sopa o taza de caldo a media mañana, al medio día sopa de pan, arroz o fideos, cocido con carnero, gallina y jamón, un principio de postre, y por la noche sopa de caldo o de aceite y un par de huevos pasados por agua, o en su lugar costillas asadas u otra cosa equivalente.

Si se quiere algún otro principio, se advierte; pero lo dicho es muy suficiente para bañistas.

También por las tardes, además del chocolate, se da algún azucarillo.

Por lo general prefieren los bañistas comer reunidos por su cuenta, logrando así mayor economía, de modo que bien puede asegurarse que no habrá punto de baños o aguas minerales más barato que el de Quinto, bajo todos conceptos.

Una de las obligaciones de las casas, es la de subir a la fuente a buscar el agua que han de beber los bañistas con el chocolate.

A los militares, siendo de la clase de oficiales, se les da alojamiento por tres días, teniendo después que proporcionarse posada por su cuenta. A los soldados se les aloja por turno vecinal todo el tiempo de su permanencia, mudándoseles el alojamiento cada tres días (2).

Los pobres casi siempre encuentran quien les reciba por pocos recursos que lleven; cuando no se acogen en el hospital, pero sin dárseles más auxilio que un triste cubierto con hogar, en donde tienen que dormir reunidos hombres y mujeres (3).

(1) Actualmente pasan tres coches o diligencias diarios; los de Zaragoza a Alcañiz y el otro a Híjar, llevando éste el correo que también es diario de tres años a esta parte, durante la temporada.

(2) El gravamen del alojamiento, sobre todo de los soldados, es lo que más repugna a los vecinos y la circunstancia que más habrá influido siempre para la prevención con que se mira a los bañistas. Por otra parte, tocándoles casas pobres o de las menos acomodadas, que no podrán darles siquiera una mala cama, y teniendo que dormir en las más de ellas en los cuartos bajos o en los mismos patios, se perjudica considerablemente a los mismos individuos de la clase de tropa: así es que cuando no empeoren algunos, será poco menos que imposible que curen.

(3) Es de esperar que en lo sucesivo se socorra a estos infelices, cuando menos con aquellos auxilios que reclama la humanidad: así es que por disposición del Excmo. Sr. Gobernador de la provincia, ha instruido expediente la Junta de Beneficencia del hospital de la propia villa a fin de habilitarles local con separación de sexos, proporcionarles camas y darles luz y fuego.


ESTADO que manifiesta el número de enfermos que han tomado las aguas minerales de Quinto en las temporadas del quinquenio último, la concurrencia de cada uno de los años respectivos, los meses de su presentación, clase de dolencias, resultados obtenidos, cantidad de agua extraída para diferentes puntos del Reino, productos del establecimiento, y coste de las obras de reparación y mejoras del mismo.


Notas. Los resultados se clasifican al marcharse los bañistas, según lo que se ha observado en ellos durante los días que tomaron las aguas, rectificándose después si ulteriores noticias hacen variar el juicio formado; por consiguiente no en todos los casos deben entenderse estos de un modo absoluto. Siempre que los enfermos se consideren curados, más o menos aliviados, o experimentan algún cambio favorable en su estado habitual, así como cuando los efectos inmediatos de las aguas han sido apreciables y satisfactorios, se anotan como Buenos. Si nada de lo dicho se ha visto, y antes por el contrario los fenómenos fueron oscuros, equívocos o tan varios que no permiten formar un pronóstico prudente, se designan con la nota de Inapreciables. Por último, si empeoran los enfermos, bien por exasperarse sus dolencias o por presentarse otras diferentes, bien por no favorecerles las aguas, etc, se clasifican de Malos. En esta última clase se cuenta uno que murió repentinamente al tercer día de su llegada, pero sin que tan funesto acontecimiento pudiera atribuirse a la acción de las aguas.

A siete enfermos no pudo permitírseles el uso de las mismas por el carácter y gravedad de sus dolencias. Tres de ellos murieron en el pueblo: el uno al siguiente día de su llegada, el otro al tercero, y el otro al quinto.

Por regla general en todas las dolencias debe sobreentenderse el adjetivo crónica o periódica
 

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