Pueblo, Monumentos
Lo primero que llama la atención de Quinto son sus sinuosas calles, de origen morisco, que serpentean para desembocar siempre en el lugar más inesperado. Adornan el camino unos arcos, sencillos y hermosos, que dignifican el paso del caminante y arriba en lo alto "el piquete.
Tal vez no son los monumentos de Quinto tan espectaculares como los de otras localidades, pero los arcos de Quinto tienen un sabor humilde y austero, propio de las gentes de la zona, acostumbradas a luchar contra la inclemente naturaleza y su poca dadivosidad. Pero la joya más preciada del municipio, que seguro valorará el viajero con la misma intensidad que los propios quintanos, es el conocido como "Piquete". Se trata de un templo mudéjar situado en lo alto de la localidad, cuya silueta conforma su paisaje más característico. La iglesia de la Asunción (ese fue su verdadero nombre) sufrió graves destrozos durante la Guerra Civil y posteriormente fue restaurado, y conserva una abigarrada decoración mudéjar, formada por amplios paños de "sebka", en la antigua torre de planta cuadrada.
Quinto recibe al visitante con el rumor de los viejos muros, que entrañan miles de historias que se intuyen claramente y demuestran la riqueza de su patrimonio a pesar del abandono y de la dejadez de aquellos que han permitido y consentido la perdida irreversible de los Baños de Quinto que fueron referente internacional en el siglo XIX, el total abandono del palacio renacentista conocido como "la casa del cura" o las continuas agresiones de las que han sido y son objeto el "Piquete" (hoy restaurado en su exterior) y los Arcos de Quinto.
Fecha: 11/09/06
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